-En la orilla, Rafael Chirbes.
No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo // La vida es demasiado importante para tomársela en serio. - Oscar Wilde
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domingo, 2 de octubre de 2016
En el camino [En la orilla, Rafael Chirbes].
—Hay que aferrarse a los pocos principios que nos
quedan. Que el arroz de la paella tenga su socarrat, el
foie gras y las trufas vengan del Périgord y el vinagre
sea de Módena. —Ahora bromea—. Los nuevos
principios, el último asidero, nos sirven para elegir
el vino, los palos del velero y la munición para la
caza. Ahí se ha quedado la ética y la estética, que
ya sabemos que suelen ser lo mismo. Tu ética es el
traje que usas, los zapatos que calzas, el vino que bebes, y si eliges
un pescado recién capturado o un taco congelado de fletán que viene
de donde Cristo perdió el gorro entre acantilados de hielo. Ética y
estética la madera —gracias por el homenaje, amigo Francisco—,
y antiestética y antiética la fibra de vidrio. Los tiempos han cambiado.
Pues claro que los tiempos cambian, Francisco. La vida no para
de cambiar, es puro cambio. No tiene otro sino, cambiar y cambiar,
lo sabían los griegos e imagino que incluso sus abuelos lo sabían, no
te bañas nunca en el mismo río, ni siquiera te bañas con el mismo
cuerpo, hoy bañas ese grano que ayer no existía, esa variz que se
ha abierto paso durante largas horas, esa llaga en la ingle o en la
planta del pie que la
hiperglucemia impide
que cicatrice, y es
mentira aquello (...)
lunes, 27 de junio de 2016
Manuel Vicent, Comer, leer.
Los que comen así tratan de convertir también la sobremesa en un ejercicio moral, casi místico // existen lectores exquisitos que leen buscando en cada libro la isla del tesoro y siempre encuentran el cofre del pirata // Los artilugios informáticos exigen una lectura rápida, breve, fragmentada, superficial, líquida e inmediata
-Manuel Vicent, Comer, leer. [Ver completo aquí: http://elpais.com/elpais/2016/05/26/opinion/1464278297_186803.html]
lunes, 28 de septiembre de 2015
No hay que verlas, hay que sentirlas.
"Leer es aburrido", dijo. Aún no había aprendido.
Solo lo hará bien cuando no se percate de que está leyendo; cuando lea una página tras otra y pierda la cuenta; cuando en realidad no vea palabras, sino imágenes.
No hay que ver las palabras, hay que sentirlas; si las ves, te has perdido en la lectura.
Solo lo hará bien cuando no se percate de que está leyendo; cuando lea una página tras otra y pierda la cuenta; cuando en realidad no vea palabras, sino imágenes.
No hay que ver las palabras, hay que sentirlas; si las ves, te has perdido en la lectura.
miércoles, 19 de agosto de 2015
Cuestión de salmones
A veces, durante la primavera, desde que me dieron de alta en el Western y tras instalarme en mi cuidad, cuando iba a la escalera para peces para contar los salmones que regresaban para el Wildlife Service, detectaba las sombras plateadas y relucientes de los peces y me preguntaba si sabían que el hecho de volver al lugar donde habían nacido para renovar el ciclo de la naturaleza les iba a costar la vida. Con la libreta en la mano, contaba los peces y solía combatir el impulso de advertirles de algún modo. Me preguntaba si tendrían alguna pulsión profunda, genética, que les informara de que volver a casa los mataría, o si todo era un engaño que aceptaban con gusto ya que el deseo de aparearse era tan fuerte que ocultaba la inevitabilidad de la muerte. ¿O eran como soldados, a los que se daba una orden imposible y evidentemente mortal, y decidían que el sacrificio era más importante que la vida?
A veces la mano me temblaba cuando hacía las anotaciones en la hoja de cómputo, tanta muerte latente pasaba frente a mí. En ocasiones lo entendemos todo mal. Así, algo que parece peligroso, como el inmenso océano, es el realidad seguro. Lo que es conocido, como el hogar, es de hecho más amenazador.
A veces la mano me temblaba cuando hacía las anotaciones en la hoja de cómputo, tanta muerte latente pasaba frente a mí. En ocasiones lo entendemos todo mal. Así, algo que parece peligroso, como el inmenso océano, es el realidad seguro. Lo que es conocido, como el hogar, es de hecho más amenazador.
-John Katzenbach, La historia del loco.
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