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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Ensayo de entierro.

Temía morir en la inopia y acabar con sus huesos en una fosa común y para evitar esa humillación póstuma adquirió un féretro a crédito, que mantenía en su pieza, usándolo como armario para guardar sus cachivaches. Era un cajón de madera ordinaria, oloroso a pegamento de carpintero, forrado en raso blanco con cintas celestes, provisto de una pequeña almohada. De vez en cuando yo obtenía el privilegio de acostarme dentro y cerrar la tapa, mientras Elvira fingía un llanto inconsolable y entre sollozos recitaba mis hipotéticas virtudes, ay, Dios Santísimo, por qué te llevaste de mi lado al pajarito, tan buena, tan limpia y ordenada, yo la quiero más que si fuera mi propia nieta, haz un milagro, devuélvemela Señor. El juego duraba hasta que la mucama perdía el control y empezaba a aullar.

-Eva Luna, Isabel Allende.


jueves, 8 de septiembre de 2016

La muerte de Edgar Alan Poe en Nymphomaniac.


-¿Qué estás leyendo?
-No estoy leyendo, en realidad solo reencontrándome con Edgar Alan Poe.
-No lo conozco.
-¿No? Pues era un hombre que sufría mucha ansiedad. Murió de la forma más temible que uno se pueda imaginar. Se llama delirium tremens. Sobreviene cuando a un largo periodo de abuso del alcohol lo sigue una repentina abstinencia. El cuerpo sufre una especie de ataque de hipersensibilidad. El enfermo tiene las más horripilantes alucinaciones: ratas, serpiente y cucarachas que salen del suelo, y gusanos que reptan por las paredes. El sistema nervioso está hiperalerta y se sufre pánico y paranoia. Luego falla el sistema circulatorio, pero el pánico y el horror continúan hasta el momento de la muerte.

<<Durante todo un día de otoño, triste, oscuro, silencioso, cuando las nubes se cernían bajas y pesadas en el cielo, crucé solo, a caballo, una región singularmente lúgubre del país; y, al fin, al acercarse las sombras de la noche, me encontré a la vista de la melancólica Casa Usher>>.

-Nymphomaniac, Lars Von Trier.


sábado, 6 de agosto de 2016

Ávidos de conocimiento.

Lo que cuesta leerse un libro (seamos francos, un libro no se lee ni en un día ni en dos) y la cantidad de libros que me gustaría leerme. Aunque cuando terminamos uno pensamos que no ha sido para tanto porque no tenemos en nuestra cabeza leeeetras y más leeetras, tal y como es un libro, con sus hojas y más hojas. Todo pasa a ser imagen, sensación, sentimiento, un no sé qué abstracto. ¿Conocimiento, tal vez?
Cuando siento este tipo de cosas me gustaría estar en Matrix y poder meterme un disco para aprender en un segundo a pilotar un helicóptero, para aprender varias carreras en un momento, para leerme más de 1/5 parte de un libro... Aunque también es verdad que todo conocimiento adquirido requiere un esfuerzo mental, no es tan sencillo como meter un disco en una grabadora. Qué pena.
Una vida no da para todo. Nos moriremos queriendo haber aprendido más cosas. Moriremos deseosos de aprender.


lunes, 4 de julio de 2016

Lombriz.

Apenas avanza una lombriz por la arena empolvada. No serpentea, sino que mueve su cuerpo como un acordeón. Ningún pájaro de la bandada tiene intención de apoderarse de ella, si bien esperaba presenciar un banquete. Pareciera que quisieran torturarla, abandonándola a su suerte al sol de la mañana que entra. Su cuerpo brilla con una viscosidad seca, se puede palpar con la vista su suavidad. A través de la distancia que nos separa creo apreciar que tiene un tono rojizo por el centro; marrón en los extremos. Es tal su longitud que sobre el suelo dibuja, mientras se le adhieren inexorablemente partículas de suciedad, un tres, un corazón, una et/ampersand, una omega mayúscula, una xi, una espiral...
Puede que esté agonizando, puede que dentro de poco se paren uno por uno sus corazones, pero incluso etapas tan vitales como la muerte merece la pena describirlas.














Y a las tres horas perdió su viscosidad, perdió sus colores, su brillo, sus infinitas formas. A las tres horas murió sin haber podido salir de esa arena caliente y mortal. A tres anillos de tocar el bordillo.
Apenas tres pasos de humano le quedaban para llegar a aquella cabeza pegada a la pared cuya boca escupía agua fresca.



lunes, 21 de marzo de 2016

A medianoche.

Mis ejecuciones son siempre a medianoche, la hora misteriosa en que se descorre el velo que separa la vida y la muerte.

-Isabel Allende, el juego de Ripper.



viernes, 2 de octubre de 2015

Plumas

Desde el niño más pequeño, pasando por el adolescente rebelde o el adulto maduro; la persona más tímida o la más extrovertida; la más grande o la que no llegue ni a un metro de estatura...todos, absolutamente todos, no somos más que simples plumas. Y lo peor es que nunca podemos saber por dónde vendrá el viento. Somos más frágiles que la porcelana, pues ni siquiera nos hace falta un golpe para dejar de existir; a veces simplemente está escrito cuál será el último aliento, aquella bocanada de aire que se llevará nuestra vida. ¿A dónde? Ese es el gran enigma. ¿Hay algo más allá de la vida? Por suerte o por desgracia no podemos saberlo, como dice mi padre, "nadie ha vuelto para decirnos lo bien que se está o si hay algo allí".
Somos tan insignificantes para el resto del mundo pero tan vitales para los nuestros...pero en realidad, me reitero, no somos más que plumas; líneas negras que abarcan unos pocos años, a veces incluso menos, a lo largo de la historia; una tras otra y varias a la vez. Unas de repente dejan de avanzar y otras apenas empiezan a trazar su recorrido. Incluso el más rico termina bajo tierra. Así tiene que ser, solo podemos aceptarlo. ¿Qué vamos a hacer sino? ¿cabrearnos? La pregunta es: ¿CON QUIÉN?