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lunes, 4 de julio de 2016

E. A. Poe, El hombre de la multitud.

Bajando por la escala de lo que da en llamarse superioridad social, encontré temas de especulación más sombríos y profundos. Vi buhoneros judíos, con ojos de halcón brillando en rostros cuyas restantes facciones sólo expresaban abyecta humildad; empedernidos mendigos callejeros profesionales, rechazando con violencia a otros mendigos de mejor estampa, a quienes sólo la desesperación había arrojado a la calle a pedir limosna; débiles y espectrales inválidos, sobre los cuales la muerte apoyaba una firme mano y que avanzaban vacilantes entre la muchedumbre, mirando cada rostro con aire de imploración, como si buscaran un consuelo casual o alguna perdida esperanza; modestas jóvenes que volvían tarde de su penosa labor y se encaminaban a sus fríos hogares, retrayéndose más afligidas que indignadas ante las ojeadas de los rufianes, cuyo contacto directo no les era posible evitar; rameras de toda clase y edad, con la inequívoca belleza en la plenitud de su feminidad, que llevaba a pensar en la estatua de Luciano, por fuera de mármol de Paros y por dentro llena de basura; la horrible leprosa harapienta, en el último grado de la ruina; el vejestorio lleno de arrugas, joyas y cosméticos, que hace un último esfuerzo para salvar la juventud; la niña de formas apenas núbiles, pero a quien una larga costumbre inclina a las horribles coqueterías de su profesión, mientras arde en el devorador deseo de igualarse con sus mayores en el vicio; innumerables e indescriptibles borrachos, algunos harapientos y remendados, tambaleándose, incapaces de articular palabra, amoratado el rostro y opacos los ojos; otros con ropas enteras aunque sucias, el aire provocador pero vacilante, gruesos labios sensuales y rostros rubicundos y abiertos; otros vestidos con trajes que alguna vez fueron buenos y que todavía están cepillados cuidadosamente, hombres que caminan con paso más firme y más vivo que el natural, pero cuyos rostros se ven espantosamente pálidos, los ojos inyectados en sangre, y que mientras avanzan a través de la multitud se toman con dedos temblorosos todos los objetos a su alcance; y, junto a ellos, pasteleros, mozos de cordel, acarreadores de carbón, deshollinadores, organilleros, exhibidores de monos amaestrados, cantores callejeros, los que venden mientras los otros cantan, artesanos desastrados, obreros de todas clases, vencidos por la fatiga, y todo ese conjunto estaba lleno de una ruidosa y desordenada vivacidad, que resonaba discordante en los oídos y creaba en los ojos una sensación dolorosa. 

- E. A. Poe, El hombre de la multitud.



sábado, 2 de julio de 2016

Palabras que evocan recuerdos.

Junto a estos tahúres observé muchas veces a hombres vestidos de manera algo diferente, sin dejar de ser pájaros del mismo plumaje. Cabría definirlos como caballeros que viven de su ingenio. Parecen precipitarse sobre el público en dos batallones: el de los dandys y el de los militares. En el primer grupo, los rasgos característicos son los cabellos largos y las sonrisas; en el segundo, los levitones y el aire cejijunto. 

- E. A. Poe, el hombre de la multitud.



La palabra de la que quiero hablar hoy es <<dandy>>, creo que ha quedado suficientemente claro al ponerla de color azul, cursiva y, por si acaso, negrita. Sin embargo el tipo "cursiva" ya venía en ella en el relato del señor Poe, lo que ha ayudado a llamar más mi atención si cabe. 
Recuerdo perfectamente cuando aprendí esta palabra; fue en una clase de Literatura Universal de este curso. Utilizando a la RAE como argumento de autoridad, copio y pego su definición: hombre que se distingue por su extremada elegancia y buenos modales. Pero quiero ir más allá, en realidad no porque desee llegar a una determinada cuestión; sino, más bien, por hacerla un buen homenaje, a la palabra en sí misma, y por los buenos recuerdos que me trae. 

-Proviene del inglés, significa "estupendo, excelente". Es  una persona muy refinada en el vestir, con grandes conocimientos de moda, proveniente de la burguesía, con una fuerte personalidad y poseedora de nuevos valores como la sobriedad o el uso de los avances traídos por la Revolución Industrial, que terminaría convirtiéndose en un referente para su época. La corriente asociada al dandi se denomina «dandismo», sin estar claro el origen de la palabra ni si su procedencia fue más literaria que real o al revés, pero nació en la sociedad inglesa y sobre todo francesa de finales del siglo XVIII-.
Su presencia en la Literatura es la cuestión que más me interesa. No hay que confundir dandismo con dadaísmo. El primero ya hemos dicho lo que es; el segundo nada tiene que ver con ése, pues es un movimiento artístico y literario (dentro de las Vanguardias) iniciado por Tristan Tzara en 1916 que propugna la liberación de la fantasía y la puesta en tela de juicio de todos los modos de expresión tradicionales. Pasando a los ejemplos, podemos citar como dandys a mi queridísimo Oscar Wilde, Charles Baudelaire o Lord Byron. Como dadaístas están el ya citado Tristán Tzara, Jean Arp (más artista que escritor) o Emmy Hennings. 

Oscar Wilde

Charles Baudelaire


Lord Byron
Tristán Tzara

Jean Arp

Emmy Hennings



Poe se refería a los dandys de vestimenta; no obstante, yo me quedo con los literatos.