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martes, 4 de julio de 2017

Escrupulosa descripción del proceso de creación de la pajarita de papel, Unamuno.

He de empezar por el estudio de la embriología de la pajarita de papel, á partir del cuadrado primitivo de papel, que salido del protoplasma papiráceo, es el óvulo de donde la pajarita habrá de desenvolverse, Y tal óvulo tiene que ser por fuerza cuadrado, lo más perfectamente cuadrado que quepa, sin que sirva que sea un cuadrilátero ó paralelepípedo, pues de éste no sale más que un monstruo, como puede comprobarlo el investigador si, como nosotros, lo ensaya. El óvulo-cuadrado papiráceo experimenta primero la vuelta ó involución ele sus cuatro ángulos cuyos extremos vienen á coincidir en el centro, produciéndose el segundo período, el de blastotetrágono, en que ha y dos capas, la formada por los cuatro extremos plegados, el endodermo ó endopapiro, y la formada por el centro del óvulo-cuadrado, el ectodermo ó ectopapiro. Una vez obtenido este segundo período experimenta el Uastotetrágono un tercer pliego, una tercera complicación, volviéndose las puntas de él hacia el lado inverso de aquel á que las primeras se volvieron, es decir, hacia el endopapiro, y así tenemos la gástrula papirácea. De ésta puede salir ya, mediante un proceso que describiré minuciosamente en mi obra — obra ilustrada con exactos grabados — la primer a forma de pájaras, la más elemental y primitiva, en que los extremos que se doblaron primero vienen á formar la cabeza, las patas y la cola. De aquí también, mediante otro proceso, puede salir una mesa, la trapeza papyracea, la forma de tetrápodo ó cuadrúpedo más sencilla que se conoce, como que es un cuadrúpedo puro, un mero tetrápodo, á tal punto que ha y sabios que opinan, con algún fundamento, que no sirven las cuatro patas para sostener el cuadrado ó tablero de la mesa,. sino más bien éste para soportar las patas. Aquí me extenderé en amplias consideraciones de como este tipo de la trapeza papyracea lo vemos luego reproducido en todos aquellos organismos superiores, incluso el hombre, en que él cuerpo lleva las extremidades en vez de llevar éstas al cuerpo, y estudiaré el tipo trapeza en la especie humana , en aquellos hombres cuya razón de ser es tener manos y pies. Después del tercer período viene el cuarto de donde se desarrolla, mediante un proceso que detallaré, la pajarita normal, caracterizada por tener cuatro costillas provinientes de las cuatro puntas primitivas y dos bolsas triangulares en la cabeza, á las que hay que dar denominación científica. He de extenderme luego en el quinto período, en que aparecen bolsillos á la pajarita , y aquí he de disertar doctamente acerca de estas pajaritas marsupiales, que representan un período de gran desarrollo. Porque es indudable que la aparición de los bolsillos es uno de los fenómenos más capitales y de mayor trascendencia del proceso orgánico. Con los bolsillos le nace á la pajarita una especie de mandíbula y se le forma boca propiamente dicha. (A todo esto es absolutamente preciso que el lector coja un cuadrado de papel y vaya experimentando por sí mismo lo que decimos, pues la cocotología es a la vez que exacta una ciencia eminentemente experimental.) Esto de que la boca aparezca al mismo tiempo que los bolsillos es uno de los fenómenos más sorprendentes y sugestivos que pueden darse y convendrá que me extienda sobre él cuanto lo merece. A la vez que boca y bolsillos desarróllale en este quinto grado de la pajarita cuatro costillas pectorales simples á la par que las .costillas espaldares se hacen dobles. De los períodos sexto, sétimo, etc., nada diremos, pero sí haré juiciosas y hondas reflexiones acerca de la infinitud del número de estos períodos ó grados, de cómo son inacabables. Sin embargo, á cada nuevo grado el grosor de la pajarita crece y la materia opone serias resistencias á su perfección geométrica, que es su razón de ser, por lo cual esos grados superiores están condenados á perecer en la lucha por la existencia, ya que no se adaptan á la perfección geométrica. Y esto nos lleva á la anatomía de la pajarita.

-Apuntes sobre Cocotología, Amor y pedagogía, Unamuno.


jueves, 8 de septiembre de 2016

El cuadro.


-Ella me está mirando
-Sí
-Es un icono, es ruso.
-Sí, es una vil copia, quizá al estilo de Rublev. Los iconos suelen asociarse con la Iglesia Oriental.
-¿La iglesia oriental?
-Podría resultar demasiado teórico.
-Cuenta, me gustaría que me hablaras de esta pintura.
-Verás, la Iglesia Cristiana se extinguió en 1054 debido a las diferentes opiniones entre la Iglesia Oriental y la Iglesia Occidental, a las que hoy llamamos Iglesia Ortodoxa e Iglesia Católica Romana. Y este es un icono típico de la Iglesia Oriental. Suele mostrar a la virgen María con el niño Jesús y alguna vez, por ejemplo, la crucifixión, que era mucho más corriente en la Iglesia Occidental. Por regla general se podría decir que la Iglesia Occidental es la Iglesia del sufrimiento y la Oriental la de la felicidad. Si nos imaginamos un viaje de Roma hacia el este nos alejaremos de la culpa y del dolor e iremos hacia la alegría y la luz.
-Pero has dicho que no crees en Dios.
-No, pero el concepto de la religión es interesante, como el concepto del sexo. Pero no me verás de rodillas en ninguno de los dos casos.

-Nymphomaniac, Lars Von Trier.


lunes, 4 de julio de 2016

E. A. Poe, El hombre de la multitud.

Bajando por la escala de lo que da en llamarse superioridad social, encontré temas de especulación más sombríos y profundos. Vi buhoneros judíos, con ojos de halcón brillando en rostros cuyas restantes facciones sólo expresaban abyecta humildad; empedernidos mendigos callejeros profesionales, rechazando con violencia a otros mendigos de mejor estampa, a quienes sólo la desesperación había arrojado a la calle a pedir limosna; débiles y espectrales inválidos, sobre los cuales la muerte apoyaba una firme mano y que avanzaban vacilantes entre la muchedumbre, mirando cada rostro con aire de imploración, como si buscaran un consuelo casual o alguna perdida esperanza; modestas jóvenes que volvían tarde de su penosa labor y se encaminaban a sus fríos hogares, retrayéndose más afligidas que indignadas ante las ojeadas de los rufianes, cuyo contacto directo no les era posible evitar; rameras de toda clase y edad, con la inequívoca belleza en la plenitud de su feminidad, que llevaba a pensar en la estatua de Luciano, por fuera de mármol de Paros y por dentro llena de basura; la horrible leprosa harapienta, en el último grado de la ruina; el vejestorio lleno de arrugas, joyas y cosméticos, que hace un último esfuerzo para salvar la juventud; la niña de formas apenas núbiles, pero a quien una larga costumbre inclina a las horribles coqueterías de su profesión, mientras arde en el devorador deseo de igualarse con sus mayores en el vicio; innumerables e indescriptibles borrachos, algunos harapientos y remendados, tambaleándose, incapaces de articular palabra, amoratado el rostro y opacos los ojos; otros con ropas enteras aunque sucias, el aire provocador pero vacilante, gruesos labios sensuales y rostros rubicundos y abiertos; otros vestidos con trajes que alguna vez fueron buenos y que todavía están cepillados cuidadosamente, hombres que caminan con paso más firme y más vivo que el natural, pero cuyos rostros se ven espantosamente pálidos, los ojos inyectados en sangre, y que mientras avanzan a través de la multitud se toman con dedos temblorosos todos los objetos a su alcance; y, junto a ellos, pasteleros, mozos de cordel, acarreadores de carbón, deshollinadores, organilleros, exhibidores de monos amaestrados, cantores callejeros, los que venden mientras los otros cantan, artesanos desastrados, obreros de todas clases, vencidos por la fatiga, y todo ese conjunto estaba lleno de una ruidosa y desordenada vivacidad, que resonaba discordante en los oídos y creaba en los ojos una sensación dolorosa. 

- E. A. Poe, El hombre de la multitud.