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viernes, 12 de mayo de 2017

Un lugar en el bosque, Jorge Bucay

Un lugar en el Bosque

Esta historia nos cuenta de un famoso rabino jasídico: Baal Shem Tov.

Baal Shem Tov era muy conocido dentro de su comunidad porque todos decían que él era un hombre tan piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que Dios escuchaba sus palabras cuando él hablaba.
     Se había hecho una tradición en este pueblo: Todos los que tenían un deseo insatisfecho necesitaban algo que no habían podido conseguir iban a ver al rabino.
     Baal Shem Tov se reunía con ellos una vez por año, en un día especial que él elegía. Y los llevaba a todos juntos a un lugar único, que él conocía en medio del bosque.
     Y una vez allí, cuenta la leyenda, que Baal Shem Tov armaba con ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y muy hermosa, y entonaba después una oración en voz muy baja... como si fuera para él mismo.
Y dicen...
     que a Dios le gustaba tanto esas palabras que Baal Shem Tov decía, se fascinaba tanto con el fuego armado de esa manera, quería tanto a esa reunión de gente en ese lugar del bosque... que no podía resistir el pedido de Baal Shem Tov y concedía los deseos de todas las personas que ahí estaban.

Cuando el rabino murió, la gente se dio cuenta que nadie sabía las palabras que Baal Shem Tov decía cuando iban todos juntos a pedir algo...
     Pero conocían el lugar en el bosque. Sabían como armar el fuego.
     Una vez por año, siguiendo la tradición que Baal Shem Tov había instituido, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunían en ese mismo lugar del bosque, prendían el fuego de la manera en que habían aprendido del viejo rabino, y como no conocían las palabras cantaban cualquier canción o recitaban un salmo, o solo se miraban y hablaban de cualquier cosa en ese mismo lugar alrededor del fuego.

Y dicen...
     que Dios gustaba tanto del fuego encendido, gustaba tanto de ese lugar en el bosque y de esa gente reunida... que aunque nadie decía las palabras adecuadas, igual concedía los deseos a todos los que allí estaban.
     El tiempo ha pasado y de generación en generación la sabiduría se ha ido perdiendo...

Y aquí estamos nosotros.
Nosotros no sabemos cuál es el lugar en el bosque.
No sabemos cuáles son las palabras...
Ni siquiera sabemos cómo encender el fuego a la manera en que Baal Shem Tov lo hacía...

Sin embargo hay algo que sí sabemos:

Sabemos esta historia,
Sabemos este cuento...

Y dicen...

Que Dios adora tanto este cuento...
Que le gustaba tanto esta historia...
Que basta que alguien la cuente...
Y que alguien la escuche...
Para que él complacido, satisfaga cualquier necesidad.
Y conceda cualquier deseo a todos los que están compartiendo este momento...

Así sea...


miércoles, 27 de julio de 2016

Valle-Inclán y la mitología egipcia.

¿Por qué el personaje del editor de Luces de bohemia, el buey Apis, se llama igual que el dios egipcio de la fecundidad, famoso por su muerte a los 25 años y su posterior resurección? No consigo encontrar semejanzas.


martes, 26 de julio de 2016

Adoradoras de Amón.

Durante el Imperio Nuevo, muchas esposas del faraón eran al mismo tiempo << La Esposa del dios Amón>> en los ritos religiosos, pero posteriormente, durante la época de los reyes sacerdotes, apareció una teogamía al estilo de la antigua Babilonia que tomó cuerpo en las llamadas <<Adoradoras de Amón>>. La adoradora era siempre la hija de un rey que se consagraba como <<Esposa del dios Amón>> y debía permanecer siempre virgen. Esta esposa de Amón, llamada también <<La mano del dios>>, alagaba al dios con su música, sus danzas, su belleza y sus caricias, practicando con él un auténtico erotismo descrito. Junto a ella, se hallaba siempre un harem de concubinas de Amón, fieles a la Adoradora y vírgenes como ella, así como su <<hija>>, joven princesa generalmente hija del rey reinante, que era adoptada como heredera.
La Adoradora de Amón tenía todos los atributos protocolarios de un faraón, aunque su poder no era político sino solamente espiritual; disponía de palacio particular, tierras y servidores. A su muerte, era consagrada como <<Esposa del dios Amón>> la <<hija>> que se había estado preparando para suceder al trono, pasando a ser las concubinas madres adoptivas de la reemplazante.
El máximo apogeo de esta costumbre fue en los tiempo de los reyes libios, conservándose preciosas imágenes de estas grandes damas, de las que citamos como ejemplo las de Karomama, en bronce, de Amenardis, en alabastro y la de Shapenupet en granito.

-Mitologías del Antiguo Egipto, Miguel Boladeras.

Divina Adoratriz Karomama

Divina Adoratriz Amenardis